A menudo nos ocurre que, como músicos, estamos más pendientes de las obras y las horas de estudio. Sacrificamos tiempo de nuestra vida personal para dedicarlo a perfeccionar un repertorio. Nos perdemos comidas familiares, salidas con amigos, cumpleaños, días festivos… y todo por estudiar un poco más.

Se nos olvida a menudo que la música es, en realidad, una de las tantas áreas que conforman nuestra vida junto con el ocio, la familia, la pareja, el trabajo, las aficiones, etcétera.

Recordemos que la música no puede ser el centro: que el centro somos nosotros, cada uno, de manera individual. Y que a partir de ahí se desarrollan las distintas actividades que incluimos en nuestro día a día.

La música no es el centro de tu vida, sino parte de ella.

Por eso ocurre que cuando colocas a la música (entendiendo por música las horas de estudio, los ensayos, las clases, los trabajos, los conciertos…) en el centro de todo puedes llegar a olvidarte de ti.

¿Y qué ocurre si te olvidas de ti? Que te pierdes.

Te pierdes en la vorágine de las nuevas partituras que tienes por estudiar, de la cantidad de ensayos a los que tienes que acudir con las obras bien leídas y trabajadas, de cumplir con tu horario de estudio que muchas veces es irreal y no lo puedes cumplir.

Comienzas a sentir que te faltan horas en el día para estudiar todo lo que quieres y entonces, en consecuencia, tendrás que sacrificar horas (¡y días!) de tu vida personal para poder llegar a ese ritmo frenético que te has marcado.

Y es posible que seas capaz de mantenerlo durante una temporada. Sin embargo, te aseguro que llegará un momento en el que, a causa de poner a la música en el centro, te olvidarás de algo tan básico y necesario como descansar: o salir a dar un paseo, llamar a tus padres, hablar con tus amigos de algo más que de las obras y el estudio.

O de preguntarte a ti mismo cómo estás.

¿Te has sentido identificado con algo de lo que has leído hasta aquí? En ese caso, déjame darte otro mensaje:

¡Es normal por lo que estás pasando!

Desde que comenzamos en clases nos inculcan que la nuestra es una carrera muy sacrificada y a la que debemos dedicarle mucho tiempo si queremos ver avances.

Sin embargo, esto puede pasarnos factura a veces y podemos llegar a sentir falta de motivación, cansancio extremo, hartazgo, tristeza y, en los casos más agravados, hasta ansiedad y depresión.

¿Qué puedo hacer entonces?

Si de algún modo te apetece poner fin a esta situación o no llegar a caer en ella, hay ciertas cosas que puedes probar a hacer.

Comienza a ocuparte de ti

Pero, sin duda, mi mayor recomendación es que comiences a ocuparte de ti. A hacer lo que sea bueno para ti (quizá es estudiar menos horas, quizá es descansar un poco más, cambiar la rutina de estudio, ir media hora al gimnasio… ¡tú decides!).

Y si una de las razones que te ha traído hasta aquí es que mentalmente estás agotado, te dejo el enlace al episodio del podcast que puede ayudarte: ¿Cómo identificar y combatir el cansancio mental?

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